Redacción PamiSalud Diciembre 27 2025
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En menos de diez años, México experimentó un crecimiento sostenido y cuantificable en el consumo de drogas ilegales, un fenómeno que no solo se refleja en porcentajes, sino en millones de personas adicionales expuestas al riesgo, con implicaciones directas para la salud pública, la seguridad y el tejido social. La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025 documenta que la prevalencia de consumo de cualquier droga ilegal alguna vez en la vida pasó de 9.9% en 2016 a 13.1% en 2025, un aumento de 3.2 puntos porcentuales que, traducido en población, significa pasar de 8 millones 425 mil 069 a 12 millones 143 mil 557 personas de entre 12 y 65 años.
En términos absolutos, el país incorporó 3 millones 718 mil 488 personas más al universo de quienes han tenido contacto con drogas ilegales en menos de una década. Se trata de un crecimiento impulsado principalmente por el cannabis, pero también por el aumento sostenido de estimulantes tipo anfetamínico, alucinógenos y, por primera vez en una encuesta poblacional, la identificación del consumo de fentanilo no médico en adultos.
La ENCODAT 2025 se levantó con 19 mil 200 entrevistas completas y es representativa de 92 millones 590 mil 179 mexicanas y mexicanos, lo que permite dimensionar con precisión estadística la magnitud del fenómeno y compararlo con la medición de 2016, cuando la población objetivo era de 85 millones 262 mil 058 personas.
FENTANILO, LO QUE DICE TEXTUALMENTE LA ENCUESTA
En el contexto del crecimiento del consumo de drogas ilegales, la ENCODAT 2025 incorpora por primera vez un dato específico sobre fentanilo no médico.
“En la ENCODAT 2025 se reportó una prevalencia del 0.2% de consumo de fentanilo no médico alguna vez en la vida y la prevalencia de consumo en el último año fue 0.1%. El consumo de esta sustancia se reportó únicamente en la población mayor a 18 años, sin reporte de consumo en población de 12 a 17 años¨.
Aunque las prevalencias son bajas en términos porcentuales, el hallazgo adquiere relevancia al situarse dentro de un contexto nacional e internacional donde el fentanilo se ha convertido en uno de los opioides más letales, y su sola presencia en una encuesta poblacional marca un punto de inflexión en la vigilancia epidemiológica del consumo de drogas en México.
CANNABIS, EL EJE DEL CRECIMIENTO
El cannabis no solo se mantiene como la droga ilegal de mayor consumo en México, sino que explica prácticamente la totalidad del crecimiento observado entre 2016 y 2025. En 2016, 8.6% de la población, equivalente a 7 millones 374 mil 195 personas, reportó haberlo consumido alguna vez en la vida. Para 2025, la prevalencia aumentó a 12.0%, lo que representa 11 millones 068 mil 020 personas.
El incremento absoluto es de 3 millones 693 mil 825 personas, una cifra que por sí sola equivale casi al total del aumento nacional en drogas ilegales. En términos relativos, el crecimiento del consumo de cannabis fue de 39.5% en menos de una década.
El consumo de cannabis en el último año también mostró un aumento, al pasar de 2.1% a 2.5%, lo que equivale a 2 millones 273 mil 840 personas, confirmando que no se trata solo de experimentación pasada, sino de un uso vigente y sostenido, concentrado principalmente en la población adulta.
COCAÍNA: ESTABILIDAD PORCENTUAL, MÁS PERSONAS
La cocaína, incluida su presentación como crack, se mantuvo como la segunda droga ilegal más consumida. La prevalencia pasó de 3.5% en 2016 a 3.6% en 2025, una variación mínima en términos porcentuales.
Sin embargo, al considerar el crecimiento poblacional, el número de personas que reportaron consumo alguna vez en la vida pasó de 3 millones 005 mil 431 a 3 millones 306 mil 041, es decir, 300 mil 610 personas adicionales.
Esta estabilidad porcentual con aumento absoluto ilustra uno de los retos centrales del análisis epidemiológico: incluso cuando la prevalencia parece estancada, el impacto en número de personas puede crecer de manera sostenida.
ESTIMULANTES TIPO ANFETAMÍNICO, EL SALTO MÁS ACELERADO
Entre las drogas ilegales, los estimulantes tipo anfetamínico registraron uno de los incrementos más acelerados. Su consumo alguna vez en la vida pasó de 0.9% en 2016, equivalente a 743 mil 437 personas, a 1.5% en 2025, es decir, 1 millón 375 mil 344 personas.
En menos de una década, el número de personas que han consumido este tipo de sustancias prácticamente se duplicó, con un aumento absoluto de 631 mil 907 personas. Este crecimiento resulta relevante por los riesgos asociados a estos estimulantes, que incluyen alteraciones cardiovasculares, psiquiátricas y una alta probabilidad de consumo problemático.
ALUCINÓGENOS Y OTRAS DROGAS ILEGALES
El consumo de alucinógenos también mostró un incremento significativo. La prevalencia pasó de 0.7% a 1.3%, lo que significa un aumento de 582 mil 710 a 1 millón 225 mil 531 personas. En términos relativos, el consumo casi se duplicó.
En el grupo denominado “otras drogas ilegales”, que incluye inhalables, heroína y drogas de diseño, la prevalencia aumentó de 2.0% a 2.4%, al pasar de 1 millón 710 mil 218 a 2 millones 204 mil 821 personas. Aunque el uso de heroína se mantiene bajo, el crecimiento del conjunto refleja una diversificación del mercado de sustancias ilícitas.
GRUPOS DE EDAD: ADULTOS IMPULSAN EL AUMENTO
El crecimiento del consumo de drogas ilegales se concentró en la población adulta de 18 a 65 años, que explica la mayor parte del incremento nacional. En contraste, la ENCODAT 2025 documenta una disminución del consumo en adolescentes de 12 a 17 años, al pasar de 6.2% en 2016 a 4.1% en 2025.
En mujeres adolescentes, la reducción fue más pronunciada, de 5.8% a 2.3%, mientras que en hombres adolescentes el consumo se mantuvo relativamente estable. Este descenso convive, sin embargo, con una alta exposición a violencia y malestar psicológico en este grupo etario.
La edad promedio de inicio del consumo de drogas ilegales aumentó de 17.5 años en 2016 a 19 años en 2025, lo que sugiere un desplazamiento del primer contacto hacia edades adultas tempranas, sin que ello implique una reducción del impacto global.
DEPENDENCIA: EL EXTREMO DEL DAÑO
La ENCODAT 2025 dimensiona el extremo más grave del fenómeno. En 2025, la prevalencia de dependencia a cualquier droga fue de 0.6% de la población, equivalente a alrededor de 555 mil personas. La dependencia fue mayor en hombres con 1.0%, frente a 0.3% en mujeres.
Entre quienes reportaron consumo de drogas en el último año, 17% presentó criterios de dependencia, lo que significa que casi dos de cada diez consumidores actuales se encuentran en un patrón de alto riesgo. Pese a ello, solo 9.9% de quienes consumieron drogas reportó haber recibido tratamiento alguna vez en la vida, y apenas 2.1% recibió atención en los últimos 12 meses.
DROGAS MÉDICAS SIN PRESCRIPCIÓN: UN FRENTE EN EXPANSIÓN
El consumo de drogas médicas utilizadas sin prescripción también mostró un aumento relevante. La prevalencia pasó de 1.3% en 2016 a 2.5% en 2025, lo que representa 2 millones 347 mil 439 personas. El consumo en el último año creció de 0.5% a 0.9%.
Este incremento se observa particularmente en opioides, tranquilizantes y sedantes, con mayor presencia en mujeres. La encuesta advierte que los cambios en el cuestionario obligan a cautela en la comparación, pero los datos apuntan a una ampliación del uso no médico de estos fármacos.
ALCOHOL: EL MAYOR DAÑO EN VOLUMEN
Aunque el foco del crecimiento está en las drogas ilegales, el alcohol sigue siendo la sustancia que genera el mayor volumen de daño.
La ENCODAT 2025 señala que el consumo de alcohol se ubica entre los principales factores de riesgo asociados a años de vida ajustados por discapacidad, con 56 millones de AVAD a nivel global.
En México, el consumo de alcohol se asocia con muertes prematuras, accidentes de tránsito, lesiones, violencia, trastornos mentales y pérdida de productividad. Millones de personas presentan consumo problemático o dependencia, pero solo una fracción accede a tratamiento especializado.
TABACO, DAÑO SOSTENIDO Y NUEVAS FORMAS DE CONSUMO
El tabaco continúa siendo uno de los principales determinantes de muerte y discapacidad. A nivel global, se le atribuyen 161 millones de años de vida ajustados por discapacidad, y en México sigue vinculado a enfermedades cardiovasculares, respiratorias y diversos tipos de cáncer.
Aunque el consumo de tabaco fumado se ha estabilizado, la encuesta documenta un crecimiento del uso de cigarros electrónicos y otros dispositivos de nicotina, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes, lo que plantea riesgos a largo plazo.
SALUD MENTAL, UNA CARGA CRECIENTE
Los trastornos mentales representan una de las principales causas de discapacidad en México. La ENCODAT 2025 documenta que 18 millones 100 mil personas viven con algún trastorno mental y que la carga de enfermedad por estas condiciones aumentó 143% entre 1990 y 2023.
En 2024 se registraron alrededor de 9 mil muertes por suicidio. El malestar psicológico, caracterizado por ansiedad, estrés, tristeza persistente e insomnio, afecta entre 15% y 25% de la población, con mayor impacto en mujeres y jóvenes.
VIOLENCIA: UN FACTOR TRANSVERSAL
La violencia atraviesa el fenómeno del consumo de sustancias. En los últimos 12 meses, 11 millones 406 mil 311 personas, equivalentes a 12.3% de la población, experimentaron violencia física, emocional o sexual.
Por grupos de edad, 18.1% de los adolescentes de 12 a 17 años, equivalente a 2 millones 390 mil 738 personas, reportó violencia en el último año, frente a 11.4% de la población adulta, equivalente a 9 millones 015 mil 573 personas.
En 31.2% de los casos, la persona agresora estaba bajo los efectos del alcohol o alguna droga. A nivel regional, la Ciudad de México presentó la prevalencia más alta con 15.5%, mientras que la más baja se registró en la región Norcentral con 10.4%.
JUEGOS DE APUESTAS, VIDEOJUEGOS Y ATENCIÓN EN SALUD MENTAL
La ENCODAT 2025 incorporó por primera vez mediciones sobre juegos de apuestas y uso problemático de videojuegos, principalmente en hombres jóvenes, con patrones similares a los trastornos por consumo de sustancias.
Pese a la magnitud de los problemas documentados, la encuesta muestra que solo una proporción limitada de personas con trastornos mentales o consumo problemático buscó o recibió atención profesional, lo que confirma un rezago estructural en la respuesta del sistema de salud.