Redacción PamiSalud Noviembre 1 2025
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El paso de las catrinas detuvo por momentos el bullicio del Paseo de la Reforma. Entre música ceremonial, el soplo del caracol y el golpe rítmico del tambor, apareció una comitiva distinta al resto del desfile: hombres, mujeres, niñas y niños ataviados con huipiles bordados, ceñidores del juego de pelota, penachos y vestimenta tradicional avanzaron sin disfraces ni artificios. Eran los “hijos del maíz”, integrantes del Centro Cultural Tolteca de Teotihuacán, quienes irrumpieron en la Mega Procesión de Catrinas 2025 para recordar que el Día de Muertos también es una celebración de origen, identidad y continuidad cultural.
Su recorrido no representó la muerte como ausencia, sino como tránsito. Para Ricardo Cervantes León, conocido como Tonatiuh, presidente del Centro Cultural Tolteca, la participación tuvo un significado preciso: “Estaremos desfilando con miembros del juego de pelota, profesores de historia, músicos y guardianes de tradiciones. Cada uno portará su atuendo tradicional, desde huipiles hasta penachos, para recordar que el rostro de maíz es lo más sagrado que cualquier mexicano puede portar”, afirmó tras la jornada.
La delegación estuvo compuesta por cerca de 40 personas de distintas edades y disciplinas: educadores, artistas escénicos, historiadores y promotores comunitarios que trabajan con infancias. Todos caminaron vestidos como lo hacen en sus comunidades, con el propósito de mostrar que esas prendas no pertenecen al folclor, sino a la vida cotidiana y a una herencia viva que se mantiene en práctica.
LA MUERTE COMO CICLO, NO COMO FINAL
Desde la cosmovisión ancestral que defienden, la figura de la Catrina no se limita a un ícono urbano del Día de Muertos. “En las culturas maya, zapoteca y mixteca existe la imagen de la madre que llora la partida de sus hijos, que es la misma tierra cuando pierde la relación con el ser humano”, explicó Tonatiuh durante su participación. Para el Centro Cultural Tolteca, esa alegoría convierte a la Catrina en un símbolo de conexión entre los mundos, una figura que evoca el duelo, pero también la regeneración y el regreso a la raíz.
Por ello, su presencia en la procesión no buscó el espectáculo, sino la transmisión de una idea: que la vida y la muerte no son opuestas, sino partes de un mismo movimiento continuo. “No se trata de una puesta en escena, sino de portar lo que somos. Nuestro atuendo no es folclor, es identidad”, subrayó.
UN CENTRO PARA PRESERVAR LA MEMORIA
El Centro Cultural Tolteca de Teotihuacán, fundado en 2008, surge del trabajo iniciado por el “Abuelo Gorila”, creador del primer grupo de danza tolteca en la región. Desde entonces, la organización ha sostenido una labor de recuperación y difusión de saberes tradicionales que incluye danza ritual, medicina ancestral, música con instrumentos prehispánicos, la práctica del temazcal y la promoción de los juegos autóctonos.
En 2018, el grupo impulsó la construcción de una cancha de juego de pelota inspirada en modelos de sitios arqueológicos como Cantona y Monte Albán, y mantiene colaboración con la Federación Mexicana de Juegos Autóctonos y Tradicionales, reforzando la enseñanza de estas prácticas en comunidades del Estado de México.
MEMNOSYNE: UN RESPALDO INTERNACIONAL
El trabajo del Centro Cultural Tolteca cuenta con el acompañamiento del Instituto Memnosyne, organización fundada por la activista y filántropa Mary Ann Thompson-Frenk, quien ha posicionado la reconciliación cultural como un eje de cooperación internacional. “La verdadera cooperación entre naciones comienza con el respeto por las raíces culturales y el conocimiento ancestral”, afirmó. Para ella, escuchar la historia del otro es el primer paso para desactivar el miedo y construir acuerdos duraderos.
Thompson-Frenk recordó que uno de los hitos de Memnosyne fue la mediación para lograr el primer tratado en tres siglos entre las naciones Hopi y Navajo en Estados Unidos. Asimismo, explicó que su equipo reconfiguró sistemas de donación de alimentos para evitar el desperdicio masivo y facilitar la entrega directa a comunidades necesitadas. “El problema no era que faltara comida, sino que la ayuda se perdía en la logística”, dijo.
La red de cooperación impulsada por Memnosyne alcanzó también escenarios internacionales. “Empresas de Europa nos contactaron y en una llamada logramos enviar tres camiones de alimentos a Ucrania. Eso muestra que cuando hay voluntad, las redes humanas cruzan fronteras”, señaló.
No obstante, el origen del proyecto se encuentra en México. “Nuestro primer capítulo se desarrolló aquí, con dos centros culturales: uno en Yucatán, dedicado a la cultura maya, y otro en Teotihuacán, enfocado en la herencia tolteca. México es el corazón espiritual de nuestro trabajo”, subrayó.
ARTE PARA LA RECONCILIACIÓN
De estas alianzas nació el cráneo monumental “Un vuelo hacia la reconciliación”, creado por los artistas Iván Baltazar y Gabriel Vistrain, pieza que une símbolos mayas y toltecas y forma parte de la exhibición Mexicráneos 2024.
“En una fecha tan representativa para México, presentar este cráneo hecho por artistas de ambas culturas refleja una fusión armónica de tradiciones”, expresó Thompson-Frenk durante su inauguración. La obra fue posible gracias a la colaboración del Centro Comunitario U kúuchil k Ch’i’ibalo’on, en Yucatán, y del Centro Cultural Tolteca de Teotihuacán, dirigido por Ricardo ‘Tlahuizcalpantecuhtli’ Cervantes, Tonatiuh Cervantes León e Irma Cortés León.
Para la filántropa, reconocer la herencia prehispánica es también un acto de fortalecimiento nacional. “Deben sentirse orgullosos de su historia completa: acueductos, matemáticas, medicina, ingeniería. Negar ese legado es perder una fuente de fuerza que sigue vigente”, afirmó.
RAXALAJ MAYAB: MEDICINA Y COMUNIDAD
En Quintana Roo, el trabajo del Instituto Memnosyne se refleja en el Centro Comunitario Raxalaj Mayab, en Felipe Carrillo Puerto, activo desde 2009. Su coordinador, Ángel Sulub Santos, detalló que el proyecto se enfoca en salud comunitaria basada en la medicina maya y en la transmisión de saberes de abuelos y abuelas a niñas, niños y jóvenes.
“El eje es la sanación tradicional y la identidad cultural. Buscamos que las nuevas generaciones valoren la sabiduría que no siempre se reconoce en el sistema educativo”, afirmó. El centro mantiene una escuelita maya, talleres de bordado, música, arte y fotografía, además de un jardín medicinal en la selva con plantas como el chaká y el canán, usadas para tratar afecciones cutáneas.
“Las plantas no son solo remedios, también son seres sagrados. Saber qué usar y cómo hacerlo es un conocimiento que se hereda con respeto”, explicó. Subrayó que la medicina tradicional complementa, no sustituye, la atención moderna: “Cuando hace falta, se recomienda acudir al médico. La diferencia es que aquí también se atiende lo emocional y lo espiritual”.
El proyecto se sostiene por el acompañamiento del Instituto Memnosyne, donaciones de visitantes y trabajo comunitario voluntario. “Llevamos 16 años de trabajo constante”, puntualizó.
EL MAÍZ COMO IDENTIDAD VIVA
La participación conjunta del Centro Cultural Tolteca, el Instituto Memnosyne y Raxalaj Mayab se materializó en la procesión capitalina como un mensaje colectivo: la cultura indígena no es pasado, es presente en movimiento.
“Muchos quisieran haber nacido en México —y nosotros tenemos la dicha de portar este rostro de maíz todos los días—”, expresó Tonatiuh tras el desfile.
Mientras las catrinas avanzaban entre flores de cempasúchil y el aroma del copal, los hijos del maíz caminaron entre los vivos no para recordar la muerte, sino para demostrar que la identidad ancestral sigue latiendo en cada paso.