Alberto Martínez Enero 22 2026
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Las estrías ungueales longitudinales, conocidas en dermatología como onicorrexis, son líneas que se extienden desde la base hasta el borde libre de la uña. Aparecen con frecuencia tanto en las manos como en los pies y, aunque suelen alarmar por su apariencia, la evidencia clínica y los expertos coinciden en que la mayoría de los casos son cambios benignos relacionados con la constitución de la uña o factores externos cotidianos. Esta visión es compartida por especialistas y plataformas médicas estadounidenses como WebMD y la Clínica Mayo, que señalan la alta prevalencia de estas estrías incluso en individuos sin patologías subyacentes.
Las estrías longitudinales se forman cuando hay variaciones en el crecimiento de la lámina ungueal, lo cual puede deberse al envejecimiento natural, a microtraumas repetidos como presión por calzado ajustado o a exposición constante al agua y a sustancias químicas que resecan las uñas. En estos casos la uña conserva su color habitual y no se acompaña de otros síntomas preocupantes. La presencia de estas líneas en personas sanas, sin otros signos clínicos asociados, es un hallazgo común y no suele requerir tratamiento médico más allá de cuidados básicos de hidratación y protección.
Distinguir estas estrías de otros cambios clínicos es fundamental para no atribuirles un significado erróneo. A diferencia de las estrías longitudinales benignas, los cambios patológicos de las uñas suelen asociarse con otros signos claros. Cuando las uñas presentan un cambio de color significativo, como amarillamiento marcado, manchas oscuras o decoloración difusa, se debe considerar la posibilidad de una infección fúngica (onicomicosis) o de un trastorno sistémico. El engrosamiento progresivo de la uña, especialmente si se acompaña de fragmentación, borramiento de la cutícula o elevación de la uña de su lecho (onicolisis), eleva la sospecha de causas patológicas. Asimismo, la aparición de deformidades severas, dolor persistente alrededor de la uña, inflamación o sangrado, sugiere la necesidad de evaluación médica urgente.
Ciertas condiciones dermatológicas, como la psoriasis ungueal, también pueden presentar irregularidades en la superficie de las uñas, pero generalmente se acompañan de otros signos dermatológicos típicos de la enfermedad, como placas escamosas en la piel. Además, deficiencias nutricionales graves o enfermedades sistémicas como el hipotiroidismo o enfermedades reumatológicas pueden afectar la calidad de las uñas, pero en estos casos los cambios no se limitan a estrías aisladas sino que forman parte de un cuadro clínico más amplio que incluye fatiga, alteraciones del cabello, de la piel y otros síntomas asociados.
Las autoridades médicas estadounidenses hacen énfasis en la importancia del contexto clínico completo. La presencia de estrías longitudinales sin otros signos clínicos adversos, sin dolor ni cambios de color o forma, es generalmente considerada un rasgo físico benigno. No obstante, si las estrías aparecen de forma repentina, empeoran con rapidez, o se presentan junto con otros hallazgos preocupantes, se recomienda consultar a un dermatólogo para una evaluación que puede incluir estudio físico detallado, examen micológico o análisis de laboratorio.
En resumen, las estrías ungueales longitudinales suelen ser una característica estética común y benignamente relacionada con la constitución personal o el desgaste ambiental. Aprender a diferenciarlas de signos clínicos que acompañan enfermedades más serias permite a quienes las padecen tomar decisiones informadas sobre cuándo es necesario buscar atención médica y cuándo se trata de un fenómeno inocuo. La evaluación profesional es clave si hay cambios notables en color, forma, grosor o síntomas asociados.