OMS lanza campaña global "juntos por la salud apoyemos la ciencia": la batalla urgente contra la desinformación médica que amenaza vidas en todo el mundo


juntos por la salud apoyemos la ciencia

Alberto Martínez   Abril 8 2026

Ciudad de México, 08 de abril de 2026. –Cada vez que alguien comparte en WhatsApp un video que asegura que el dióxido de cloro cura enfermedades, que una vacuna es más peligrosa que la enfermedad que previene, o que los médicos mienten por órdenes de gobiernos y farmacéuticas, se comete un acto con consecuencias reales sobre la salud de personas reales. La desinformación médica no es un fenómeno abstracto ni un debate filosófico sobre libertad de expresión: es un problema de salud pública con víctimas concretas. Según una gran revisión de 31 estudios sistemáticos llevada a cabo con el auspicio de la OMS, la información falsa en redes sociales puede llevar a las personas a poner en riesgo su salud evitando las vacunas, retrasando la atención médica o aplicando tratamientos inútiles y peligrosos, mientras que se ven comprometidas tanto la salud mental como la física. Ante este escenario, el 7 de abril de 2026, Día Mundial de la Salud, la Organización Mundial de la Salud lanzó la campaña global "Juntos por la salud. Apoyemos la ciencia", un llamado de un año de duración que celebra el poder de la colaboración científica para proteger la salud de las personas, los animales, las plantas y el planeta. El mensaje es tan sencillo como urgente: sin ciencia, sin evidencia y sin confianza en los datos verificados, las sociedades quedan expuestas a sus propios miedos y a quienes se lucran con ellos.

La campaña de 2026 se articula en torno a dos grandes eventos mundiales: la Cumbre Internacional "Una sola salud", organizada por el Gobierno de Francia en el marco de la Presidencia francesa del G7, y el Foro Mundial inaugural de los Centros Colaboradores de la OMS, que reunió a cerca de 800 instituciones científicas de más de 80 países. El lema no surge en el vacío ni como un ejercicio de comunicación institucional: llega en un momento en que el escepticismo hacia la ciencia y las instituciones de salud pública ha crecido de manera sostenida en todo el mundo, impulsado en buena medida por el ecosistema digital. El director de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), doctor Jarbas Barbosa, fue contundente en su mensaje central: "La ciencia salva vidas, mejora la salud y el bienestar, y fortalece las economías". Desde la OMS se hace un llamamiento explícito a los gobiernos y las instituciones para que refuercen la inversión en la ciencia, apoyen la función normativa del organismo e integren la evidencia en la toma de decisiones sobre salud, clima, alimentación y medio ambiente, reconociendo que la confianza en la ciencia es, en sí misma, una política de salud pública. La campaña no es solo una declaración de principios: es una respuesta estratégica a una crisis de credibilidad que lleva años gestándose y que la pandemia de COVID-19 aceleró de forma dramática.

El impacto de la desinformación médica sobre la salud pública es documentable y profundo. Según la OMS, las campañas de desinformación modernas evolucionaron para formar parte de tensiones geopolíticas en las que distintos grupos han buscado sembrar confusión sobre los hechos, exacerbar divisiones políticas, erosionar la confianza en las instituciones científicas y socavar la gobernanza, a veces con motivaciones económicas o ideológicas claras. En México y América Latina, esta realidad se vivió con especial crudeza durante la pandemia. Investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública de México, en colaboración con las universidades de Boston y Berkeley, documentaron que entre los bulos más difundidos por WhatsApp en el país estuvieron afirmaciones de que el COVID-19 "no era un virus sino una bacteria", que "no era mortal", que "las pruebas PCR no servían" y que productos como el dióxido de cloro y las nanomoléculas eran tratamientos efectivos. Las publicaciones de grupos antivacunas, cada vez más frecuentes en redes sociales tanto en inglés como en español, han cuestionado la seguridad de las vacunas y contribuido a la reducción de las tasas de vacunación, así como al aumento de enfermedades prevenibles. El daño no es hipotético: cuando la desinformación retrasa tratamientos, aleja a pacientes de hospitales o erosiona la vacunación, las consecuencias se cuentan en vidas perdidas y sistemas de salud desbordados.

La región latinoamericana enfrenta condiciones que la hacen especialmente vulnerable a la infodemia, ese fenómeno que la OMS definió como la epidemia informativa que acompaña a las crisis sanitarias. Un estudio publicado en la Revista Panamericana de Salud Pública que analizó el comportamiento de la desinformación en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú identificó que el porcentaje de la población con dificultades para reconocer noticias falsas, la alta confianza en el contenido de redes sociales y el uso de estas como única fuente de noticias fueron factores determinantes en el comportamiento de la mortalidad durante la pandemia. La OPS ha documentado que cuando se produce una infodemia durante una epidemia, puede verse afectada la eficacia de la respuesta y de las medidas de salud pública, al dificultar que las personas encuentren fuentes fidedignas y orientación confiable cuando más las necesitan. En este contexto, la campaña de la OMS adquiere en la región una dimensión adicional: no solo se trata de celebrar los logros de la ciencia, sino de reconstruir activamente la confianza en las instituciones que la generan y la traducen en política pública. La OPS ha señalado que la tasa mundial de mortalidad materna ha disminuido en más del 40 por ciento desde el año 2000, mientras que la mortalidad en menores de cinco años se ha reducido en más del 50 por ciento, avances que no serían posibles sin investigación científica rigurosa, cooperación internacional y sistemas de salud que actúen con base en evidencia.

Confiar en la ciencia no es ingenuidad ni obediencia ciega a ninguna autoridad: es la decisión más racional que una sociedad puede tomar para proteger la vida de sus integrantes. La campaña de la OMS hace hincapié en que la ciencia, por sí sola, no basta: debe ir acompañada de principios éticos, respeto a los derechos humanos y participación de las comunidades afectadas, asegurando que en un escenario donde los bulos circulan con rapidez, la respuesta pase por evidencia rigurosa y cooperación internacional. Cada persona que verifica antes de compartir, que consulta a un profesional de salud antes de seguir un remedio viral, que exige a sus gobernantes decisiones basadas en datos y no en ideología, está contribuyendo a ese esfuerzo colectivo. La OMS convoca a los centros colaboradores y la comunidad científica a hacer la ciencia accesible y comprensible, compartir explicaciones claras sobre la evidencia y ser voces visibles y dignas de confianza que defiendan los datos fácticos y las soluciones basadas en ciencia. En un mundo donde un video de 30 segundos puede desmentir años de investigación en la mente de millones de personas, apostar por la ciencia es, también, apostar por la democracia, por la equidad en salud y por la posibilidad de que las próximas generaciones vivan más y mejor. La pregunta que cada lector debe hacerse no es si confía en la ciencia, sino qué tipo de información eligió consumir, creer y compartir hoy.



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