Alberto Martínez Abril 8 2026
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• Once casos sospechosos, ocho defunciones y 216 soluciones intravenosas aseguradas en un cateo en Ciudad Obregón. El caso que comenzó en una clínica privada de Hermosillo bajo la responsabilidad de un mismo médico tratante se convirtió en la mayor alerta sanitaria del noroeste del país, y la investigación penal, médica y regulatoriaapenas empieza a revelar sus dimensiones.
Ciudad de México, 08 de abril de 2026. –El primero de abril de 2026, cuando llegaron los primeros reportes de pacientes que presentaban un deterioro fulminante tras recibir soluciones intravenosas en una clínica privada de Hermosillo, Sonora, las autoridades sanitarias y la Fiscalía estatal no podían imaginar que ese caso se convertiría, en menos de diez días, en una de las alertas de salud pública más graves que ha enfrentado el noroeste de México en años recientes. Al corte del 7 de abril, la Secretaría de Salud de Sonora reportó 11 casos sospechosos asociados a la aplicación de soluciones parenterales administradas por un mismo médico tratante: 8 personas fallecidas, 1 hospitalizada y 2 ya recuperadas. La clínica, identificada como Medicina Biológica Regenerativa Celular y ubicada en la avenida Leocadio Salcedo de la colonia Jesús García, fue clausurada de forma inmediata desde el 1 de abril, cuando se confirmaron los primeros casos, y las muestras aseguradas en el lugar fueron enviadas a laboratorios especializados en la Ciudad de México para su análisis pericial. Lo que comenzó como una denuncia de familiares ante la pérdida de un padre y un hijo, Jesús Héctor Almeida Flores y Sebastián Almeida Cáñez, quienes fallecieron el 30 de marzo, reveló con el paso de los días, una red de víctimas que se remonta al 22 de febrero, cuando murió Lucero del Carmen Luna Ramírez, de 19 años, la primera en sucumbir tras recibir el tratamiento en ese consultorio.
El 7 de abril hubo un cateo en Ciudad Obregón por parte de la FGJES, La fiscalía general de Justicia del Estado de Sonora ejecutó una diligencia de cateo en un inmueble ubicado sobre la avenida Zacatecas, en la colonia Centro de Ciudad Obregón. Fueron aseguradas 216 soluciones salinas,178 preparadas para su administración y 38 sin preparar, además de medicamentos, equipos de venoclisis, jeringas, una libreta con anotaciones, un dispositivo telefónico y otros indicios periciales. La acción se realizó dentro de la carpeta iniciada por el delito de homicidio por responsabilidad médica.
La investigación penal que conduce la fiscalía general de Justicia del Estado de Sonora (FGJES) se amplió de forma significativa cuando las indagatorias en Hermosillo trazaron una línea directa hacia Ciudad Obregón. El 7 de abril, la FGJES ejecutó un cateo en un inmueble ubicado sobre la avenida Zacatecas, en la colonia Centro de esa ciudad, vinculado al mismo médico tratante señalado como probable responsable en la capital sonorense. El resultado fue contundente: 216 soluciones salinas aseguradas, de las cuales 178 ya se encontraban preparadas para su administración directa a pacientes, y 38 sin preparar. El operativo incluyó también el decomiso de medicamentos diversos, equipos de venoclisis, jeringas, documentación, una libreta con anotaciones y un dispositivo telefónico que será sometido a análisis pericial. Es fundamental distinguir lo que se sabe de cada ciudad: los casos mortales y la clausura del establecimiento ocurrieron en Hermosillo; el cateo en Ciudad Obregón, ejecutado en seguimiento a las líneas de investigación sobre el médico imputado, amplió el alcance geográfico de la indagatoria y reveló la posible existencia de una operación con presencia en al menos dos municipios del estado. La FGJES precisó que la carpeta de investigación se abrió por el delito de homicidio por responsabilidad médica, y que en el cateo de Obregón participaron elementos de la Guardia Nacional y la Secretaría de la Defensa Nacional en labores de resguardo y aseguramiento.
El perfil del médico bajo investigación agrega capas de complejidad al caso. Jesús Maximiano Verduzco Soto, de 65 años, era identificado en redes sociales como el responsable de la Clínica Homotoxicológica, donde promocionaba tratamientos intravenosos para combatir la fatiga, la resaca y el "desgaste físico", con precios que oscilaban entre 500 y mil 500 pesos por sesión. El 25 de febrero de 2026 cuando ya había al menos una muerte reportada que todavía no había trascendido públicamente, la clínica ofrecía en Facebook e Instagram lo que llamó una "super promo": una aplicación por 999 pesos, en lugar del precio regular de mil 500. El secretario de Salud de Sonora, José Luis Alomía Zegarra, confirmó que el consultorio contaba con aviso de funcionamiento vigente y que el médico poseía título y cédula expedidos desde 2004. Kershenobich también confirmó que la clínica tenía registro ante Cofepris. Este dato, una instalación formalmente habilitada y un médico con documentación en regla, es uno de los elementos que más preocupa a los especialistas en vigilancia sanitaria, porque revela que la regulación existente no fue suficiente para prevenir lo que ocurrió. Al momento de publicación de esta nota, el médico permanecía prófugo. La FGJES había emitido alertas interestatales e internacionales para impedir que se sustraiga de la acción de la justicia, y el fiscal general del Estado, Gustavo Rómulo Salas Chávez, refrendó el compromiso de agotar todos los recursos legales y operativos disponibles para localizarlo.
"De los exámenes de laboratorio que se alcanzaron a hacer en algunos de ellos, lo que se tiene es una evidencia de que a lo mejor existe algún contaminante bacteriano porque tuvieron cifras de glóbulos blancos muy altos y coagulación intravascular. Son fenómenos que se asocian a sepsis. Estamos en espera de los resultados finales para hacer un análisis." David Kershenobich, secretario de Salud federal, conferencia presidencial del 7 de abril de 2026
La dimensión sanitaria del caso fue abordada directamente por el secretario de Salud federal, David Kershenobich, en la conferencia matutina del 7 de abril, encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Kershenobich señaló que los resultados preliminares de los exámenes clínicos realizados a algunos de los pacientes afectados apuntan a la presencia de un contaminante bacteriano como hipótesis principal de trabajo: los pacientes presentaron cifras de glóbulos blancos muy elevadas y coagulación intravascular diseminada, fenómenos clínicamente asociados a sepsis. El deterioro fue, en muchos casos, fulminante: algunos pacientes sobrevivieron apenas dos días después de recibir la infusión. La Cofepris recogió todas las muestras disponibles y trabaja en análisis clínicos e histopatológicos cuyos resultados finales, al momento de esta publicación, aún no se habían dado a conocer. Kershenobich también reveló que los sueros aplicados no eran mezclas simples de vitaminas: las autoridades están analizando qué otras sustancias contenían, y en algunos casos, según el secretario, los tratamientos se anunciaban incluso como "terapia con células madre", una afirmación que, dijo sin ambigüedad, "obviamente no va a servir". Parte de los sueros, además, se preparaban y aplicaban en domicilios particulares, lo que complica aún más la tarea de determinar el origen exacto de la posible contaminación y las condiciones de asepsia bajo las cuales se manejaron las soluciones.
Especialistas advierten: las terapias intravenosas de vitaminas conocidas como "sueros vitaminados" o "sueroterapia" no cuentan con evidencia científica sólida para los beneficios con que suelen promocionarse: hidratación acelerada, recuperación energética, bienestar general, fuera de indicaciones médicas estrictas. El médico Alejandro Macías precisó que, al administrarse directamente en el torrente sanguíneo, estas sustancias sortean todas las barreras naturales de inmunidad del organismo. Simón Barquera, del Instituto Nacional de Salud Pública, señaló como preocupante la moda de estos "tratamientos alternativos" que carecen de respaldo científico suficiente.
El caso pone sobre la mesa una discusión que la comunidad médica y los reguladores sanitarios han pospuesto demasiado tiempo: la proliferación de tratamientos intravenosos de "bienestar" comercializados en clínicas privadas y consultorios informales, muchas veces sin supervisión clínica adecuada ni protocolos de preparación verificados. La sueroterapia, también conocida como vitamin drip, se ha extendido en México y en muchos países como una práctica de medicina de estilo de vida: se ofrece para combatir la resaca, la fatiga crónica o simplemente para "recargar energía". Especialistas consultados por medios como Expansión advirtieron que el cuerpo humano no absorbe de inmediato una carga masiva de vitaminas hidrosolubles administradas por vía intravenosa, sino que las excreta a través de la orina en pocas horas, haciendo el tratamiento inútil en la mayoría de los casos sin deficiencia médica documentada. Pero el mayor peligro no está en la inutilidad del tratamiento: está en las condiciones de preparación y administración. Cuando una solución intravenosa se prepara en condiciones de contaminación, ya sea por fallas de asepsia, insumos inadecuados o manipulación incorrecta, las bacterias que ingresan al torrente sanguíneo pueden desatar una sepsis que, en personas sin factores de riesgo previos aparentes, como las víctimas de Hermosillo que acudieron simplemente por fatiga o resaca, puede ser letal en cuestión de horas.
Lo que dejó al descubierto el caso de los sueros vitaminados en Sonora no es únicamente la presunta responsabilidad individual del médico Jesús Maximiano Verduzco Soto que hoy permanece prófugo, ni siquiera la cadena de errores o actos dolososque pudo haber contaminado las soluciones administradas a once personas, de las cuales ocho perdieron la vida. Lo que reveló este brote es una falla sistémica de vigilancia sanitaria sobre una práctica médica que lleva años comercializándose en México como si fuera un servicio de spa o bienestar, con poca o ninguna supervisión efectiva sobre cómo se preparan las sustancias, quién las administra y en qué condiciones. La Asociación de Abogados del Estado de Sonora ya exigió que la investigación abarque toda la cadena de responsabilidades: desde el origen de los insumos hasta la actuación de las propias autoridades regulatorias, incluyendo a Cofepris y a la Comisión Estatal de Protección Contra Riesgos Sanitarios. El presidente de esa asociación, Juan Francisco Alcaraz García, planteó la pregunta que este caso instala en el centro del debate público: ¿hubo alertas previas o denuncias que no fueron atendidas? ¿Por qué no se clausuró la clínica antes de que se acumularan las muertes? Mientras la Fiscalía de Sonora busca al médico responsable en México y en el extranjero, mientras Cofepris aguarda los resultados definitivos de sus análisis de laboratorio y mientras la investigación abierta en Ciudad Obregón revela la escala real de esta operación, una pregunta más amplia queda sin respuesta oficial: cuántas clínicas similares operan hoy, en Sonora y en el resto del país, sin que ningún sistema de vigilancia sanitaria las haya visitado jamás.