Ceguera infantil prevenible: el hospital infantil de México refuerza la detección oportuna en bebés prematuros y amplía su alcance con telemedicina


Ceguera infantil prevenible

Alberto Martínez   Abril 6 2026

Tres de cada diez bebés prematuros en México pueden desarrollar retinopatía del prematuro, la principal causa de ceguera infantil evitable en el país. El HIMFG "Federico Gómez" lleva a cabo revisiones oftalmológicas semanales y proyectos extramuros para que ningún recién nacido quede sin diagnóstico a tiempo.

Ciudad de México, 06 de abril de 2026.- Cada día nacen en México decenas de bebés antes de que sus órganos hayan completado su desarrollo. Sus pulmones, su cerebro y sus ojos son aún estructuras en construcción, vulnerables a las condiciones del mundo exterior para el que todavía no estaban listos. Para quienes trabajan en las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales del país, el primer mes de vida de un prematuro es una carrera contra el tiempo en múltiples frentes simultáneos. Uno de los más silenciosos —y más devastadores si no se atiende— es el riesgo de ceguera permanente provocada por la retinopatía del prematuro, una enfermedad que afecta los vasos sanguíneos de la retina inmadura y que, si no se detecta y trata en una ventana de horas, puede robarle la visión a un niño para siempre. Frente a este desafío, el Hospital Infantil de México "Federico Gómez" (HIMFG), el primer instituto nacional de salud del país y referente pediátrico de Latinoamérica, opera un programa institucional de detección temprana que combina revisiones oftalmológicas semanales, coordinación neonatal multidisciplinaria y proyectos de telemedicina para extender la cobertura diagnóstica más allá de sus paredes.

La Secretaría de Salud federal informó el 3 de abril de 2026 que la doctora Zaira del Carmen Bernal Díaz, jefa del Servicio de Oftalmología del HIMFG y cirujana oftalmóloga con subespecialidad en oftalmología pediátrica y cirugía de retina y vítreo, explicó en un comunicado institucional los alcances de este programa y los riesgos de no actuar con la rapidez que la enfermedad exige. La especialista precisó que la retinopatía del prematuro es consecuencia directa del desarrollo anómalo de los vasos sanguíneos de la retina en bebés que nacen antes de tiempo: al nacer de manera anticipada, estos vasos no han terminado de formarse y, ante el cambio de entorno —especialmente la exposición al oxígeno suplementario en las incubadoras—, pueden crecer de manera desorganizada y provocar un daño que ningún tratamiento posterior podrá revertir completamente. La Secretaría de Salud estima que hasta tres de cada diez bebés prematuros en México pueden presentar algún grado de esta enfermedad, aunque solo una fracción de los casos requiere intervención terapéutica. La clave, subrayó la especialista, es que todos los casos en riesgo sean evaluados, porque la diferencia entre un diagnóstico a tiempo y uno tardío puede ser la diferencia entre la visión y la ceguera permanente.

"El momento de la revisión es crucial. Los bebés prematuros deben ser evaluados alrededor del primer mes de vida y, en caso de detectar una forma grave, el tratamiento debe iniciarse en menos de 72 horas."

— Dra. Zaira del Carmen Bernal Díaz • Jefa del Servicio de Oftalmología, HIMFG • Comunicado Secretaría de Salud, 3 de abril de 2026

Qué es la retinopatía del prematuro y por qué México enfrenta un desafío mayor

La retinopatía del prematuro, conocida en la literatura científica como ROP por sus siglas en inglés, es una enfermedad neovascular proliferativa de la retina que afecta exclusivamente a los recién nacidos pretérmino. Su mecanismo es el siguiente: la retina de un ser humano no termina de vascularizarse sino hasta la semana 42 de gestación, es decir, dos semanas después de la fecha de nacimiento convencional. Cuando un bebé nace antes —especialmente antes de las 34 semanas o con un peso inferior a 1.750 gramos— esa vascularización incompleta se interrumpe de manera abrupta. El entorno de la unidad de cuidados intensivos neonatales, en particular el oxígeno suplementario necesario para mantener vivos a los prematuros más pequeños, altera la regulación del factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF), la proteína que guía la formación de los vasos retinianos. Sin esa regulación normal, los vasos crecen de forma caótica hacia el interior del ojo, forman tejido fibroso y, en los casos más graves, provocan el desprendimiento total de la retina y la pérdida irreversible de la visión. Publicaciones revisadas en revistas médicas mexicanas indican que la incidencia de la enfermedad en menores de 32 semanas de gestación puede alcanzar hasta el 45.8% en algunas instituciones del país, mientras que los estudios que se enfocan en los prematuros de mayor riesgo —menores de 28 semanas y con menos de 1.000 gramos al nacer— registran prevalencias de formas graves que superan el 20%.

El reto de México frente a esta enfermedad es especialmente complejo porque el país vive simultáneamente dos realidades que se refuerzan entre sí. Por un lado, los avances tecnológicos en medicina neonatal permiten hoy salvar bebés que hace dos décadas no habrían sobrevivido; cada prematuro que sobrevive gracias a la modernización de las unidades de cuidados intensivos representa, potencialmente, un paciente más en riesgo de ROP. Por otro lado, el sistema de salud público enfrenta una distribución desigual de especialistas en oftalmología pediátrica con capacitación específica en retinopatía: la mayoría de estos expertos se concentran en las grandes ciudades, mientras que los hospitales de zonas rurales o semiurbanas frecuentemente carecen de quien pueda realizar el tamizaje oftalmológico con la técnica y el equipo adecuados. Investigaciones publicadas en la revista científica Oftalmología en México han señalado que esta brecha es una de las principales razones por las que México registraba históricamente alrededor de 500 niños que quedaban ciegos cada año a causa de la retinopatía del prematuro, una cifra que los programas de tamizaje institucional han ido reduciendo pero que aún representa un problema de salud pública vigente y urgente.

Factores de riesgo que los médicos deben vigilar

Edad gestacional inferior a 34 semanas y peso al nacimiento menor a 1.750 gramos son los criterios primarios de tamizaje establecidos por la Secretaría de Salud de México.

Edad gestacional inferior a 30 semanas y peso menor a 1.250 gramos multiplican el riesgo de forma estadísticamente significativa, según estudios publicados en el Boletín Médico del Hospital Infantil de México.

Otros factores asociados con mayor riesgo: sepsis neonatal, uso prolongado de oxígeno suplementario, transfusiones sanguíneas, hemorragia intraventricular y displasia broncopulmonar.

Advertencia crítica: la retinopatía del prematuro puede avanzar de un estadio a otro en cuestión de días u horas. Un retraso de una semana en la revisión puede significar que el paciente llegue a un estadio donde el tratamiento ya no pueda preservar la visión.

El llamado a las familias: por qué la revisión al primer mes puede cambiarlo todo

La Secretaría de Salud aprovechó la divulgación del programa del HIMFG para hacer un llamado directo a las madres y padres de bebés prematuros: que lleven a sus hijos a una revisión oftalmológica durante el primer mes de vida, sin esperar síntomas visibles, porque la retinopatía del prematuro no produce señales externas observables sino hasta que el daño es avanzado e irreversible. Esta indicación tiene una importancia clínica que no puede subestimarse: a diferencia de muchas enfermedades donde el deterioro es gradual y permite márgenes de actuación amplios, la ROP puede escalar de un estadio leve a uno que amenaza la visión en cuestión de días, y el tratamiento —ya sea con fotocoagulación láser o con medicamentos antiangiogénicos administrados directamente en el ojo— solo es eficaz cuando se aplica antes de que el desprendimiento de retina se complete. Una vez que la retina se desprende en su totalidad, ninguna intervención puede devolver la visión. Esto convierte a la detección temprana no en una recomendación deseable sino en una necesidad médica urgente e impostergable para cualquier bebé que haya nacido antes de tiempo.

El papel del HIMFG en este ecosistema de salud pediátrica va más allá de la atención directa a sus pacientes. Como institución nacional de enseñanza e investigación, el hospital forma a los especialistas que después trabajarán en hospitales públicos de todo el país, genera evidencia científica sobre la epidemiología y el manejo de la retinopatía en la población mexicana, y sirve de referencia técnica para la elaboración de las guías de práctica clínica que orientan la actuación de los médicos en el sistema de salud público. En ese sentido, el fortalecimiento de su programa de detección temprana tiene un efecto multiplicador que trasciende sus propias instalaciones: cada protocolo mejorado, cada médico formado, cada sistema de telemedicina articulado desde el HIMFG contribuye a que un bebé prematuro en Oaxaca, en Chiapas o en Baja California tenga más probabilidades de recibir la revisión que puede salvar su visión dentro de la ventana de tiempo que la biología le impone. En un país donde el nacimiento prematuro es todavía una realidad cotidiana y donde los recursos especializados siguen concentrados de manera desigual, esa capacidad de irradiación del conocimiento y de los protocolos es, quizás, el aporte más valioso que un instituto nacional de salud puede ofrecer.



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